TIPS DE ELIAS ROJO…

1.- SE SOLTARON LOS DISFRACES. En la acera de la oposición, el disfraz de «salvador de la patria» a veces les queda grande y terminan pareciendo animadores de una fiesta a la que nadie los invitó. Si el disfraz se ve muy desgastado, es porque las ideas también lo están, no te dejes distraer por el ruido de las matracas. En el gobierno, el disfraz preferido de esta temporada es el de la humildad renovada. Promesas de colores que parecen papelillos porque brillan un segundo y luego se las lleva el viento. El Carnaval solo dura unos días, pero la realidad del país sigue latente. El disfraz de revolucionario tiene muchas costuras, incluso los que se visten de indoblegables están sintiendo el peso del traje porque las dudas se meten por todos lados y son difíciles de sacar. Mientras los actores políticos se cambian de disfraz según les convenga, el ciudadano común sigue trabajando para sobrevivir. En política, como en los grandes desfiles, lo más importante no es quién tiene la carroza más grande, sino quién se quita la máscara cuando termina la música.
2.- La AMNISTÍA COMO ESPEJO DE LAS MISERIAS. La Ley de Amnistía ha dejado de ser una herramienta jurídica para convertirse en el espejo que refleja las verdaderas intenciones de los bloques políticos. En el chavismo, mientras unos buscan una salida negociada para garantizar su propia supervivencia, otros se aferran al disfraz de «indoblegables», alimentando una confrontación eterna para no perder cuotas de poder. La amnistía aterra a los sectores más radicales porque la paz debilita el argumento del «enemigo interno». La fractura es evidente: ¿Perdonar para seguir o confrontar para no caer? En la oposición, la falta de una estrategia única los lleva a negociar por pedazos. No tienen limite y pueden cambiar la dignidad por un «plato de lentejas» que se traduce en cuotas políticas, habilitaciones o simples transacciones financieras. Este debate está dejando al descubierto una fragilidad ética alarmante. La oposición corre el riesgo de ser un accesorio en el guion de la injerencia, perdiendo la confianza de un país que espera algo más que un simple intercambio de beneficios. Mientras las cúpulas juegan al ajedrez con la libertad ajena, la ciudadanía observa con escepticismo. La reconciliación no puede ser un «borrón y cuenta nueva» pactado entre élites para protegerse entre sí. El país exige una convivencia en paz basada en la justicia, no en conveniencias electorales de corto plazo.
3.- EL DILEMA DE FEDECAMARAS Y EL ASALTO A LAS PRESTACIONES SOCIALES. La reciente postura empresarial frente al aumento de sueldos y pensiones ha encendido las alarmas, pues condiciona la mejora de los ingresos a una cirugía profunda de la LOTTT. La estrategia de Fedecámaras, expuesta por voceros como Jorge Roig, se basa en la tesis de que el actual sistema de prestaciones sociales (retroactividad) es una «camisa de fuerza» que impide subir los sueldos. Proponen que los aumentos se den vía «bonificaciones» o «ingresos de emergencia» que no alimenten el recalculo de las prestaciones. Buscan eliminar o reformar el artículo de la Ley que obliga a recalcular las prestaciones con el último salario devengado, argumentando que esto genera un pasivo «impagable» para las empresas. Al igual que en la política, aquí se plantea un canje peligroso. Dinero inmediato en el bolsillo, a cambio de renunciar al ahorro histórico del trabajador. Quieren eliminar o reducir el derecho a las prestaciones sociales y despojar al trabajador del único patrimonio seguro al final de su vida útil. Una propuesta que se vende como «solución» a la inflación, pero que en realidad traslada todo el costo de la crisis al lomo del trabajador y su grupo familiar. Exigir una reforma de la LOTTT para «poder aumentar» es un chantaje que desnuda la falta de compromiso con una justicia social verdadera. Se pretende que el trabajador financie su propio aumento renunciando a sus derechos adquiridos, mientras la rentabilidad empresarial se protege bajo el esquema de la «flexibilización». Un aumento de sueldo que llega con la condición de mutilar la Ley del Trabajo no es una mejora, es una transacción de derechos. El país no solo necesita que el dinero alcance, sino que el esfuerzo de años sea respetado.
4.- EL SUELDO Y LA PENSIÓN NO AGUANTAN MÁS “PAPELILLOS”. Mientras la dirigencia política se entretiene en el desfile de sus propias ambiciones y Fedecámaras saca la calculadora para recortar derechos, la mesa del venezolano está vacía. Tanto el gobierno como la oposición han sacado el tema del salario de su agenda prioritaria. Unos por incapacidad de gestión y otros por falta de coherencia, pero ambos coinciden en ignorar el mayor clamor popular. No hay discurso de «recuperación económica» ni «resistencia heroica» que valga cuando la pensión no alcanza para un cartón de huevos. El aumento de sueldos y pensiones no es una «concesión» que se deba negociar en una mesa de élites; es una obligación constitucional y una emergencia humanitaria que no puede esperar a que termine el carnaval político. Mientras ellos discuten por el control del palacio, el país real sobrevive con salarios de ficción.
5.- EL PETRÓLEO BAJO CONTROL ABSOLUTO DE EEUU. La reciente visita del Secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, a Venezuela y la supervisión de las instalaciones de la Faja Petrolífera del Orinoco, no fue una simple visita de cortesía; fue la formalización de un control que va más allá de lo comercial. Wright fue muy claro al señalar que las sanciones se flexibilizan porque ahora EE. UU. controla la venta y el flujo del crudo. Bajo el nuevo esquema, es Washington quien otorga las licencias (a Chevron, Repsol, BP, entre otras) y quien «supervisa a rienda corta» que la producción sirva a sus intereses estratégicos. Mientras se habla de «asociación productiva», en la práctica se está cediendo la gestión operativa y financiera de las mayores reservas del mundo a una potencia extranjera. Ver al Secretario de Energía estadounidense inspeccionando pozos junto a la dirigencia local es la imagen gráfica de la intervención consolidada. La reforma petrolera impulsada busca ofrecer condiciones «atractivas» para el capital estadounidense, lo que para muchos significa el desmantelamiento de la propiedad nacional sobre el recurso para asegurar que el crudo fluya sin obstáculos hacia el norte. No es solo sacar el petróleo, es quién maneja el dinero. El anuncio de que EE. UU. ya gestiona los primeros 500 millones de dólares de ganancias para «evitar la corrupción” demuestra que la billetera del país hoy tiene un administrador en Washington. La ayuda» para reactivar la producción tiene como precio, el control absoluto sobre el ritmo de extracción y el destino de los fondos. Cuando el Secretario de Energía de otra nación supervisa tus pozos y decide a quién se le vende el crudo, la palabra «soberanía» desaparece. El país pasa de ser dueño a ser, simplemente, el terreno de juego.

