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Mutilación Genital Femenina: El imperativo ético de la tolerancia cero6 de febrero Sia internacional en la lucha contra la Mutilación Genital Femenina

Saludos estimados lectores de #ElConsultorio, aprovechamos la tribuna que nos brinda @SoloParaPoliticos para abordar un tema que, aunque a menudo se percibe como lejano a nuestras fronteras, representa una de las violaciones más atroces a los derechos humanos y la integridad física de las mujeres en el mundo.
Como médico comprometido con la salud integral y la investigación, no puedo dejar pasar la semana del 6 de febrero sin elevar la voz sobre un flagelo que afecta a millones de mujeres: la Mutilación Genital Femenina (MGF). Bajo el lema de este 2026, «Hacia 2030: No terminaremos con la mutilación genital femenina sin un compromiso e inversión sostenidos», analizamos las raíces y la lucha contra esta práctica.
La medicina existe para sanar, proteger y preservar la vida. Sin embargo, en pleno siglo XXI, nos enfrentamos a prácticas tradicionales que utilizan herramientas de corte no para curar, sino para marcar y lesionar de forma irreversible la anatomía femenina. La Mutilación Genital Femenina no es un procedimiento médico; es un acto de violencia que la comunidad internacional ha jurado erradicar.
El concepto es claro para la Organización Mundial de la Salud (OMS): abarca todos los procedimientos que consisten en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales realizadas por motivos no médicos.
Para entender la magnitud del daño, la comunidad científica la clasifica en cuatro tipos principales, según la severidad del tejido afectado: 1- Tipo I (Clitoridectomía): Resección parcial o total del clítoris y/o del prepucio. 2- Tipo II (Escisión): Resección parcial o total del clítoris y los labios menores, con o sin escisión de los labios mayores. 3- Tipo III (Infibulación): Es la forma más extrema. Consiste en el estrechamiento de la abertura vaginal mediante la creación de un sello, formado al cortar y recolocar los labios menores o mayores. A menudo se conoce como «circuncisión faraónica» y deja apenas un orificio minúsculo para la orina y la sangre menstrual. 4- Tipo IV: Incluye todos los demás procedimientos lesivos como perforaciones, incisiones, raspado o cauterización de la zona genital.
El origen de esta práctica se pierde en la antigüedad. Aunque suele asociarse erróneamente con ciertas religiones, la realidad es que la MGF es previa al nacimiento de las religiones monoteístas (cristianismo, judaísmo, islamismo). Se han hallado evidencias en momias del antiguo Egipto que datan de los años 5.000 a 6.000 a.C., lo que confirma que era una práctica arraigada en las civilizaciones del Nilo y Nubia mucho antes de que se extendiera a otras regiones de África y Asia. A lo largo de los siglos, la práctica se ha adaptado y sobrevivido, incrustándose en la estructura de valores de diversas comunidades como un rito de paso indispensable para la identidad étnica y de género.
Como médicos, a menudo nos preguntan qué lógica puede sostener un acto tan doloroso. La respuesta no es médica, sino sociopsicológica. Las razones varían, pero suelen converger en tres pilares: A- Control de la sexualidad: Se realiza con el objetivo explícito de reducir el deseo sexual femenino, asegurar la virginidad antes del matrimonio y la fidelidad después de este. B- Aceptación social y matrimonio: En muchas comunidades, una mujer no mutilada es considerada «sucia» o «fea» y, por tanto, no es apta para el matrimonio. Esto empuja a las propias familias incluso a las madres que han sufrido el proceso a perpetuarlo para asegurar el futuro económico de sus hijas. C- Mitos de higiene y estética: Existe la creencia errónea de que los genitales externos son partes que deben eliminarse para alcanzar una limpieza o elegancia ritual.
La conmemoración del 6 de febrero como el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina no es caprichosa. Su antecedente directo se remonta al año 2003, cuando Stella Obasanjo, entonces primera dama de Nigeria, realizó una declaración oficial de «Tolerancia Cero» durante una conferencia del Comité Interafricano sobre Prácticas Tradicionales.
Posteriormente, en 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas oficializó esta fecha para intensificar los esfuerzos globales hacia su eliminación definitiva. Desde entonces, la lucha ha logrado hitos significativos. En 2016, el Parlamento Panafricano aprobó la prohibición de la MGF en sus 50 Estados miembros. Países como Sudán (en 2020) y Gambia (ratificando su prohibición en 2024) han dado pasos legales valientes para proteger a sus niñas.
En este 2026, la ONU nos recuerda que el tiempo se agota para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030. La brecha para erradicar esta práctica sigue siendo amplia debido al crecimiento poblacional en países de alta prevalencia y a una preocupante tendencia hacia la medicalización (es decir buscan profesionales de la salud que realicen los procedimientos). No podemos permitir que profesionales de la salud se presten para realizar estos actos bajo una falsa premisa de «seguridad»; la MGF no tiene beneficios, solo daños físicos y psicológicos profundos.
Desde esta plataforma digital educativa, recordamos que la salud es un derecho, no un privilegio negociable por tradiciones nocivas. Recuerda la prevención, es la mejor forma de curación. Gracias y hasta la próxima edición. Para cualquier comentario o tema de su interés por el 04166852860 @drjosemerheb @soloparapoliticos.

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