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EL mounstro de estacion central

Somos, aunque nos cueste reconocerlo una sociedad superficial, esta semana ha estado llena de noticias resaltantes pero la que ha acaparado la mayoría de los bytes (que antes eran paginas) ha sido la vergonzosa situación de nuestro querido comediante George Harris en el Festival de Viña del Mar y las repercusiones posteriores con apagón general incluido. Voy a tratar de ser lo más objetivo posible por una razón fundamental, tengo el privilegio de poseer ambas nacionalidades y creo tener elementos de juicio un poco más profundos para realizar un análisis sin tanto fanatismo, aunque debo reconocer que en las primeras de cambio mi enojo era mayúsculo. Cuando me preguntan si me siento más chileno o más venezolano lo manifiesto sin titubeos, Soy venezolano a mucha honra, mi relación con ambas nacionalidades esta como la que tiene el hijo con la madre biológica y la adoptiva, estableciendo la comparación odiosa de haber sido abandonado por razones de fuerza mayor por la mujer que me dio el ser y ser criado y protegido por otra mujer quien me hizo ser lo que soy hoy en día. En esa disyuntiva siempre se impondrá la última y esto vale para padrastros, abuelos, tíos y otros que han criado como sus hijos a quienes no lo son biológicamente. Pero volviendo a George nuestro comediante más celebre y querido, Humorista es a payaso, lo que comediante es a actor, sin parecer peyorativo. “Un cómico o humorista dice cosas graciosas, un comediante dice las cosas en forma graciosa” Lo dijo el famoso comediante norteamericano Ed Wynn. La comedia es un género dramático que tiene varios tipos entre los que se encuentra el Stand Up que es el que cultiva con propiedad nuestro paisano. La tradición del Festival de Viña ha sido invitar humoristas, ese tipo de artista que genera risas casi automáticas y que lo hace desde el físico, la estampa, vestimenta y acento tan difícil de copiar para los foráneos, Coco Legrand, Hermógenes Conache, Dinamita Show y tantos otros, jamás necesitaron de escarceos previos para conectar con el público, una porque eran harto conocidos, así como sus rutinas. El comediante necesita de otras virtudes, pero también de otro público, necesita una audiencia atenta, reposada para seguir la secuencia y porque no decirlo sin parecer discriminador, con algo de cerebro analítico. Si a esto se le suma una parte de la audiencia predispuesta contra la nacionalidad del artista, por la cantidad reconocida de una minoría de malvivientes que ha salpicado a una gran mayoría de personas honestas y trabajadoras, se mezcló un coctel molotov que le exploto en la cara a nuestro querido artista y lo hizo pagar injustamente facturas que no debía. Que hubo Xenofobia en parte del público, de esos no hay dudas, no hay otra explicación para sabotear una presentación que aun no enseñaba la sustancia por lo corto de su desarrollo, sin embargo, pudo más el atavismo de una minoría que hacían rememorar un circo romano, que la civilidad de una mayoría que pagaron por ver el espectáculo. El indebido y errado calificativo de “Monstruo” del cual se siente orgullosa hasta la prensa chilena es el principio de las cosas que deben en mi humilde criterio, empezar a corregirse, algo monstruoso es algo anómalo o desviado en comparación con su especie, se aplica inapropiadamente para personas con evidentes defectos físicos o mentales, pero seguro estoy que a nadie le gustaría que le expulsaran un hijo del colegio calificándolo de esa manera o se divorciaran de un hij@ nuestro calificando nuestro yern@ de monstruo. El verdadero monstruo que apareció en la platea de la Quinta Vergara fue el de Estación Central o también conocida como “Pequeña Caracas” emblema de parte del lumpen que convive con los oriundos y que ha contaminado como otros el buen nombre de nuestros nacionales. En definitiva y siendo pragmáticos, ambos ganaron en este triste episodio, el Festival que volvió a estar en primera vista por un tiempo y la fama del catire (rubio) comediante que vio multiplicada su fama bien ganada y le llueven los contratos, aunque el irónico y travieso destino haya apagado la luz de su brillo por algunas horas. Por un momento los venezolanos volvieron a recordar su país donde los apagones no son sólo en los festivales sino carta corriente de casi todos los días y no es chiste. Seguiremos conversando. Claudiozamora06@gmail.com

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