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AQUI NADÍE SE RINDE

«La libertad no consiste en hacer lo que nos gusta, sino en tener el derecho a hacer lo que debemos» – Papa Juan Pablo II.

Roniel Farias

Rendirse no es una opción, porque cada obstáculo es una oportunidad disfrazada. La resiliencia define nuestro carácter, y el fracaso es solo un peldaño hacia el éxito. La perseverancia nos impulsa a superar límites, convirtiendo lo imposible en posible. La vida premia a quienes luchan, no a quienes se rinden. El camino es desafiante, pero la recompensa de alcanzar nuestras metas es inmensa. Mantén la fe, la esperanza y la determinación; el triunfo aguarda a quienes nunca se rinden.

La libertad, ese concepto tan arraigado en la esencia humana, trasciende la mera ausencia de cadenas físicas. Se erige como el pilar fundamental de nuestra existencia, el derecho inalienable a pensar, actuar y expresarnos sin restricciones injustas.

En un mundo donde las voces claman por justicia y equidad, la libertad se alza como un faro luminoso. Nos otorga la capacidad de cuestionar, debatir y forjar un futuro donde la diversidad de ideas enriquezca nuestra sociedad. Sin libertad, la creatividad se marchita, la innovación se estanca y el progreso se desvanece en la penumbra.

La libertad no es un don otorgado, sino una conquista constante. Exige valentía para desafiar el statu quo, para defender nuestros derechos y los de los demás. Implica responsabilidad, ya que nuestras acciones resuenan en el tejido social. La libertad de expresión, por ejemplo, conlleva el deber de utilizarla con respeto y empatía, construyendo puentes en lugar de muros divisorios.

En un mundo cada vez más interconectado, la libertad individual se entrelaza con la colectiva. Debemos protegerla de aquellos que buscan silenciar voces disidentes, de quienes pretenden imponer su visión del mundo.

No olvidemos que la libertad no es un destino final, sino un camino en constante evolución. Requiere vigilancia, diálogo y compromiso inquebrantable para asegurar que nadie sea privado de su derecho a ser libre. En cada palabra o acción, recordemos que la libertad es el motor que impulsa el progreso humano, la chispa que enciende la esperanza y la esencia que nos define como seres humanos.

Cuando las personas son libres para expresar sus ideas, perseguir sus sueños y participar en la vida pública, se desata un torrente de creatividad e innovación. La libertad de pensamiento y expresión permite que surjan nuevas ideas, que se cuestionen las viejas y que se encuentren soluciones a los problemas que aquejan a la sociedad.

La libertad económica, por su parte, fomenta el emprendimiento y la creación de riqueza. Cuando las personas son libres para iniciar sus propios negocios y competir en el mercado, se genera un ambiente de dinamismo y prosperidad. La libertad de asociación permite que las personas se organicen para defender sus intereses y promover el cambio social.

La libertad no es un cheque en blanco. Conlleva responsabilidades y obligaciones.

La libertad no es un estado permanente. Es una conquista que debe defenderse y protegerse constantemente. A lo largo de la historia, ha habido fuerzas que han intentado restringir la libertad de las personas. Desde los gobiernos autoritarios hasta los grupos extremistas, siempre hay quienes buscan imponer su visión del mundo y silenciar las voces disidentes.

En el siglo XXI, la libertad se enfrenta a nuevos desafíos. La globalización, la tecnología y el cambio climático plantean preguntas complejas sobre el equilibrio entre la libertad individual y el bien común. La inteligencia artificial, por ejemplo, plantea interrogantes sobre la privacidad, la autonomía y el control.

Es fundamental que abordemos estos desafíos con una visión clara de los valores que queremos defender. La libertad debe equilibrarse con otros valores importantes, como la igualdad, la justicia y la sostenibilidad.

La libertad es un legado que debemos transmitir a las generaciones futuras. Es nuestra responsabilidad garantizar que nuestros hijos y nietos vivan en un mundo donde puedan disfrutar de los mismos derechos y libertades.

Debemos educar a nuestros jóvenes sobre la importancia de la libertad. Debemos inculcarles el valor de la tolerancia, el respeto y la diversidad. Debemos inspirarlos a luchar por un mundo donde la libertad sea una realidad para todos, donde todos conozcan la lucha por la libertad de jóvenes como Jorge Francisco Sambrano hijo de estas tierras, quien hoy tiene más de 100 días detenido por esta causa.

La libertad es un valor universal que trasciende fronteras y culturas. Es un derecho fundamental que pertenece a todos los seres humanos. Debemos trabajar juntos para construir un mundo donde la libertad sea una realidad para todos, sin importar su origen, raza, religión o género.

Desde nuestra trinchera, nuestro terruño Ciudad Bolívar seguiremos luchando, defendiendo y construyendo libertad, para todos, porque hoy más que nunca #ElAmanecerEstaCerca

Roniel Farias

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