Nacionales

Distemper canino, comúnmente llamado moquillo: Una amenaza viral compleja y re-emergente

Por George Bello(TSU
en Salud Animal).-

El distemper canino es una enfermedad compleja, devastadora y prevenible. Su reemergencia en ciertas áreas o su presencia enzootica subraya fallas en los programas de vacunación, educación y acceso a la salud veterinaria. Este análisis persigue transmitir la gravedad del virus, la absoluta necesidad de la vacunación responsable como acto de protección individual y colectiva, y los avances en diagnóstico que permiten un manejo más preciso. La lucha contra el moquillo es un éxito tangible de la medicina veterinaria preventiva cuando se aplica, y una tragedia evitable cuando se descuida.
El distemper canino (DC), causado por el Morbillivirus canino (familia Paramyxoviridae), es una enfermedad viral multisistémica, altamente contagiosa, de distribución mundial y con una tasa de morbilidad y mortalidad elevada, especialmente en poblaciones caninas no vacunadas y en cachorros. Constituye uno de los desafíos más significativos en la medicina veterinaria preventiva, no sólo por su impacto clínico directo, sino también por su compleja patogenia y su capacidad para afectar a una amplia gama de carnívoros terrestres y acuáticos, convirtiéndola en una enfermedad de importancia para la conservación de la fauna silvestre.

Patogenia y cuadro
clínico.
Una enfermedad sistémica y engañosa
El virus exhibe un marcado tropismo por células epiteliales, linfoides, nerviosas y del sistema respiratorio. Su patogenia se caracteriza por tres fases sucesivas:
Fase de invasión y replicación linfática.
Tras la infección por aerosol, el virus se replica en macrófagos y tejido linfoide asociado al aparato respiratorio, generando la primera viremia. Esto conduce a fiebre bifásica, leucopenia, inmunosupresión y predispone a infecciones bacterianas secundarias.

Fase de diseminación
sistémica.
Una segunda viremia distribuye el virus a prácticamente todos los órganos epiteliales y al sistema nervioso central (SNC). Aquí surgen los signos clásicos: exudado mucopurulento ocular y nasal, neumonía, gastroenteritis, hiperqueratosis de cojinetes plantares y erupciones cutáneas.

Fase de afectación
del SNC.
Puede presentarse de forma aguda durante la enfermedad sistémica o, de manera más insidiosa, semanas o meses después, como una secuela («enfermedad desmielinizante crónica»). Los signos neurológicos (mioclonías, convulsiones, paresia, ataxia) son a menudo progresivos y de pronóstico grave.
Esta secuencia explica la «enfermedad de los mil signos», cuya presentación puede variar enormemente, dificultando el diagnóstico clínico temprano.

Diagnóstico.
Un pilar fundamental para el control
El diagnóstico definitivo va más allá de la observación clínica. Se basa en la integración de:
·Pruebas de detección viral.
PCR (reacción en cadena de la polimerasa) a partir de muestras conjuntivales, nasales o sanguíneas, es el método de elección por su alta sensibilidad y especificidad en la fase aguda.
· Pruebas serológicas: detección de IgM (infección aguda) o IgG (vacunación o exposición previa) en suero o líquido cefalorraquídeo (LCR). La serología en LCR es altamente sugerente de infección neurológica activa.
· Histopatología y inmunohistoquímica: En casos fatales o de biopsia, la detección de cuerpos de inclusión intracitoplasmáticos o del antígeno viral en tejidos es diagnóstica.
La falta de acceso a estas herramientas en algunas regiones contribuye a la subnotificación y propagación silenciosa del virus.

Prevención y control:
La vacunación como
estrategia central
La vacunación masiva y protocolizada siguiendo las directrices de asociaciones veterinarias (por ej., WSAVA, AMVEA) es la única medida eficaz para el control poblacional. Se utilizan vacunas atenuadas que generan una inmunidad sólida y duradera. Es crítico entender que:
· La inmunidad maternal en cachorros puede interferir con la vacunación, por lo que se requieren dosis de refuerzo hasta después de las 12-16 semanas de vida.
· Los programas de vacunación deben ser anuales o trianuales según el producto y el riesgo epidemiológico.
· El «fallo vacunal» puede ocurrir, pero es estadísticamente bajo y a menudo vinculado a problemas en la cadena de frío, protocolos incorrectos o inmunosupresión preexistente del animal.

Consideraciones de
Salud Pública y Una
Salud (One Health).
El Morbillivirus canino es un ejemplo paradigmático del enfoque «Una Salud». No es zoonótico, pero su circulación en perros domésticos representa una amenaza constante para especies silvestres vulnerables (felinos, mustélidos, primates no humanos e incluso grandes carnívoros), pudiendo provocar episodios de mortalidad masiva y desequilibrios ecológicos. La vigilancia epidemiológica integrada es, por tanto, esencial.
«El distemper canino no es una enfermedad del pasado. Es un virus RNA con alta tasa de mutación y una notoria capacidad para saltar entre especies. Su control exige no sólo un compromiso individual con la vacunación, sino también sistemas de vigilancia epidemiológica activos que monitoreen su circulación en poblaciones domésticas y silvestres. La neurología es, sin duda, su faceta más devastadora y la que mayor investigación traslacional requiere hoy en día.» – Dra. Laura Ujvári, investigadora en enfermedades virales emergentes.(Prensa/UNESR).

Deja una respuesta