LAS CALLES DE CARACAS SE CONVIERTEN EN ARENGA POR LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA

Este domingo, la capital venezolana ha dejado de ser el escenario del silencio impuesto para transformarse en el epicentro de un estallido de júbilo y exigencia ciudadana. La liberación acelerada de figuras emblemáticas de la lucha democrática ha encendido una chispa que ya no parece dispersa, sino unificada en una sola voz que busca acelerar la transición política en Venezuela.
Desde tempranas horas, la algarabía se apoderó de las calles con la confirmación de la libertad de líderes fundamentales que permanecían tras las rejas. El regreso a casa de Juan Pablo Guanipa, Perkins Rocha, Dignora Hernández, Freddy Superlano, Jesús Armas, Luis Tarbay, Henry Gustavo Alviarez, Darío Estrada, Liomary Chiquinquira Espina, Eduardo Labrador, Aldo Rosso, Naomi Arnaudez, Alabany Colmenares, Nikoll Arteaga, María Oropeza, Emil Brand, Carlos Azuaje y Leocenis García, junto a otros numerosos presos políticos, ha sido recibido no solo como un acto de justicia tardía, sino como el síntoma inequívoco de un sistema que cede ante la presión interna y externa.
Estas liberaciones han provocado movilizaciones espontáneas en diversos puntos de la ciudad. Lo que comenzó como un encuentro familiar en las puertas de los centros de reclusión se ha extendido a las plazas y redes sociales, donde el ciudadano común ha perdido el temor, expresando con crudeza y esperanza que la libertad de estos hombres y mujeres es el preámbulo de cambios en toda la nación.
La contundencia de los hechos de este domingo viene acompañada de un torrente de informaciones que apuntan a cambios estructurales en el Poder Ejecutivo. Fuentes de alta credibilidad sugieren que la liberación de los presos políticos es el primer resultado visible de acuerdos soterrados destinados a la incorporación de factores de la oposición en estructuras de alto nivel.
El análisis político de este agitado momento histórico sugiere que los fuertes rumores sobre cambios inminentes en el Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, así como en el Ministerio de la Defensa, pudieran indicar una supuesta fractura o una transición negociada en los pilares que hasta hoy han mantenido la estabilidad institucional.
Diversos analistas coinciden en que este «giro» cuenta con la orientación estratégica del Gobierno de los Estados Unidos, buscando una salida que evite un colapso mayor y permita una convivencia política bajo nuevas reglas de juego. Si bien se percibe una calma tensa en la ciudadanía, los movimientos políticos en todos los niveles anuncian que el país ha entrado en una fase de cambios acelerados que ya no tienen vuelta atrás.
La liberación de los presos políticos no es una concesión graciosa del poder; es el resultado de una perseverante resistencia ciudadana. La presencia de la gente en la calle este domingo 8 de febrero es el recordatorio de que ninguna transición será legítima si no cuenta con la participación protagónica de amplios sectores sociales que hoy celebran, pero que también vigilan.
Venezuela respira hoy un nuevo aire. El entusiasmo recuperado no es solo por quienes salen de las celdas, sino por la posibilidad real de que, finalmente, el país retome la ruta de la institucionalidad y la democracia, en paz con apego a la Constitución Nacional.
