SUMANDO GENIALIDADES

HABLEMOS DE MERITOCRACIA
La palabra «meritocracia» deriva del latín «meritum» que se traduce a «debida recompensa» y del vocablo griego «krátos» que significa «fuerza» o «poder». Por lo tanto, «meritocracia» es la forma de gobierno, la filosofía de gestión empresarial y el consecuente comportamiento social caracterizado por reconocer e impulsar a las personas que demuestran conocimiento técnico, talento profesional, experiencia laboral y liderazgo integral conforme al arte, la ciencia, la profesión o el oficio que practican para ganarse su sustento de vida.
Es saber que puedes ascender en el organigrama laboral por las metas que cumplas; es saber que tu descripción de cargo está acorde a tus habilidades, capacidades y destrezas técnicas; es saber que tu salario es un reflejo del tiempo y el esfuerzo invertido en tu formación académica; es saber que el trabajo que ejecutes fuera de tu horario también va a ser remunerado y así sucesivamente.
DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA
Lógicamente se requiere de un conjunto de valores éticos, Derechos Humanos, Derechos Fundamentales y distintos preceptos legales que sirvan de garantía para la correcta aplicación del mérito sin ningún tipo de discriminaciones ni dilaciones en relación al género, la raza, el credo y demás cualidades meramente subjetivas. Recordemos que la forma nunca debe estar por encima del fondo.
No obstante, el cimiento más fuerte del «Sistema de Recompensa» es el valor ético-legal de la Justicia, ¿por qué? La respuesta más sucinta (explicativa y puntual) nos la regaló el célebre jurista romano Domicio Ulpiano con estas palabras inmarcesibles (es decir, que no se han marchitado con el paso del tiempo): «La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo».
Se debe aclarar que, la justicia no es lo mismo que la igualdad. La igualdad es tener el derecho a las mismas oportunidades u opciones, llámese de estudio o trabajo; los mismos derechos y el ser respetados por el simple hecho de venir a este mundo, pero la justicia es quien premia al ingenio y el esfuerzo (o castiga según sea el caso) de manera inmediata y proporcional para realmente darle valor a quien valor merece.
Por eso, si debemos escoger entre la justicia y la igualdad, deberá ganar siempre la justicia si realmente queremos avanzar como sociedad.
NECESITAMOS DE LOS MEJORES
A pesar que somos individuos con características únicas sabemos que vivimos en una sociedad, la cual requiere de la diversidad y la convergencia del mayor número de genialidades posibles en cada área de nuestras vidas (legislativo, industrial, petrolero, agroalimentario, farmacéutico…) supeditado a la objetividad, a la justicia y al respeto.
Si cumplimos con esto podremos consolidar el verdadero bienestar colectivo, enalteciendo el completo desarrollo. De lo contrario, sería retroceder exponencialmente: ¿Cuál panorama preferimos vivir?
Semper Ad Meliora «Siempre hacia lo mejor»

