Ciudad Guayana

El Regreso a Casa: Un Derecho Arrebatado

Jorge Carvajal
Morales

El regreso a casa no es una promesa vacía para quienes emigramos sin querer irnos. Regresar a casa es un derecho político, humano y moral que nos han arrebatado a millones de venezolanos. Nadie abandona su país por gusto; sencillamente se va cuando siente miedo, cuando el trabajo deja de ser digno, cuando el salario deja de ser salario, cuando la libertad es un delito y la justicia una amenaza.
Venezuela ha vivido una expulsión deliberada y silenciosa de muchos ciudadanos. Una diáspora provocada por la ruptura del orden constitucional, la persecución política, el colapso institucional y la negación de los derechos humanos. El país se vació de brazos, de talentos, de familias completas, mientras el poder se atrincheró de espaldas a la nación.
Hablar de regreso a casa es hablar de Libertad. No hay retorno posible mientras no excarcelen a los presos políticos. La libertad debe ser plena para todos, sin excepción. La libertad de detenidos ilegalmente es obligación del Estado venezolano, con el compromiso de que esta oprobiosa situación nunca más se repita y que el olvido no sea la norma, y se haga justicia para ellos y sus familiares.
El regreso a casa exige Constitución, instituciones independientes, elecciones auténticas, respeto a la soberanía popular y garantías reales para la disidencia.
El regreso a casa exige también Educación. Escuelas, liceos y universidades han volver a ser espacios para la formación y el pensamiento crítico, con educadores bien formados, de capacitación recurrente, respetados y bien remunerados.
El regreso a casa exige economía con rostro humano: trabajo digno, salarios suficientes, respeto a la contratación colectiva y políticas públicas que permitan vivir del esfuerzo propio. El regreso no será masivo mientras el trabajo, la jubilación y la pensión no alcancen para vivir. La deuda social con jubilados, pensionados, discapacitados y adultos mayores es herida abierta de prioridad nacional.
El regreso a casa es reencuentro para sanar heridas, sin olvidos, sin impunidad y con justicia. Regresar a casa es recuperar un país donde valga la pena quedarse y soñar sin miedos.
En este largo camino de retorno a casa, una voz se alzó con claridad cuando muchos aún dudaban: María Corina encendió una revolución pacífica, como hace tiempo lo dije, una revolución de conciencia y organización cívica que devolvió a los venezolanos la certeza de que la libertad no es un recuerdo, sino algo pendiente. Ella no habló desde la comodidad, no convocó al odio, sino a la dignidad. Su palabra es un faro, y su firmeza recoge la esperanza de que volver es posible.
Por ello, mientras caminamos este tramo final, pedimos a Dios que la proteja y nos proteja a todos, porque en su integridad viaja la esperanza de volver a casa.
La Líder María Corina ha apostado por el poder distribuido entre los ciudadanos y sin obediencia ciega. Su liderazgo no reemplaza al pueblo, lo despierta, organiza y camina con él. Nunca, nunca María Corina será un caudillo, porque el caudillismo es hijo del poder concentrado, y ella siempre nos recuerda que la Libertad se construye entre todos.
A orillas del majestuoso Orinoco, donde late la memoria profunda de la Venezuela democrática, regresaremos con derechos y sin miedos, y gritaremos todos que ¡HAY REPÚBLICA!.

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