Amnistía sin Medias Tintas: El Camino Hacia una Libertad Plena y sin Exclusiones

RONIEL FARÍAS
APROBAR UNA LEY CON RESTRICCIONES NO AYUDARÁ EN NADA!
La palabra amnistía significa, en su esencia más pura, el olvido institucional de una supuesta falta en favor de un bien mayor: la paz social. Sin embargo, en el convulso escenario político de Venezuela, el oficialismo y sus voceros han intentado desvirtuar este concepto, transformándolo en una herramienta de segregación, chantaje y control político. No podemos aceptar una amnistía a cuentagotas, llena de asteriscos y condiciones que solo buscan perpetuar la injusticia bajo un barniz de falsa clemencia.
El chantaje ético de la
culpa inexistente
Es alarmante, y éticamente inaceptable, que se pretenda condicionar la libertad de los presos políticos (muchos de ellos civiles y militares sometidos a tratos crueles) a la aceptación de delitos que jamás cometieron. Exigir que un ciudadano admita una culpa ficticia para recuperar su derecho natural a la libertad no es justicia, es una extensión de la tortura psicológica. Una amnistía real y democrática no pide confesiones forzadas ni arrepentimientos de conveniencia; reconoce que el proceso judicial en sí mismo fue el error y que la persecución fue el verdadero delito.
No se puede impedir a los ciudadanos hablar y expresarse libremente, como el caso de Juan Pablo guanipa que en menos de 24 horas fue apresado nuevamente después de ser excarcelado por solo expresar su opinión de una Venezuela libre.
AMNISTÍA SIN
EXCLUSIONES
No puede haber una verdadera reconciliación nacional si se levantan muros jurídicos para impedir el regreso de los líderes fundamentales. La intención manifiesta de excluir de este beneficio a figuras como María Corina Machado, Leopoldo López, Edmundo González , Julio Borges, Gaby Arellano, Freddy Guevara , Influencer, activistas de derechos humanos y otros muchos más líderes que hoy se encuentran en el exilio, revela que el sistema no busca la paz, sino la eliminación política definitiva de sus adversarios más potentes.
Una ley que excluye por nombre, apellido o peso electoral no es una ley de amnistía; es una lista de proscripción diseñada para elegir a una «oposición a medida». La libertad plena debe incluir el derecho al retorno y el pleno ejercicio de los derechos políticos de todos los venezolanos, sin importar dónde se encuentren o cuántos votos representen.
«La libertad no es una concesión que se otorga por partes; o se es libre de verdad, con plenas garantías, o se sigue bajo el yugo de una persecución disfrazada de legalidad».
LOS QUE COLABORAN CON EL RÉGIMEN Y ROBARON LAS TARJETAS DEMOCRÁTICAS
En este complejo tablero, no podemos ignorar el papel de los supuestos opositores que no son más que fichas del chavismo vestidas de colores democráticos. Estos actores, están identificados han participado activamente en el robo de las siglas de los partidos históricos mediante intervenciones judiciales, pretenden hoy legitimar una amnistía restrictiva. Su objetivo es claro: aparecer como los «negociadores» de una paz que solo beneficia a quienes ostentan el poder, mientras mantienen secuestrada la voluntad popular que reside en la verdadera alternativa democrática. Una ley de amnistía seria debe barrer con estas distorsiones y devolver la legitimidad a las instituciones partidistas.
FINALMENTE NECESITAMOS UNA LEY CLARA E INCLUEYENTE
Hoy, Venezuela y la comunidad internacional deben ser firmes en una sola exigencia: una Ley de Amnistía de libertad plena y absoluta. Esta ley debe cumplir con tres pilares innegociables:
- Universalidad: Que abarque a todos los perseguidos por motivos políticos, desde el líder más visible hasta el ciudadano anónimo detenido por protestar, incluyendo a los militares institucionales.
- Transparencia: Un texto redactado con claridad meridiana, sin «letras pequeñas» que permitan interpretaciones arbitrarias por parte de un sistema judicial parcializado.
- Restauración: Que no solo detenga la persecución, sino que anule de inmediato todas las inhabilitaciones y cierres de expedientes amañados, permitiendo que la voluntad popular sea la única que decida el destino del país.
Cualquier propuesta que no cumpla con estos mínimos será un simulacro, una fachada jurídica para ganar tiempo y oxígeno político. Es hora de que la justicia prevalezca sobre la venganza y que la libertad deje de ser una moneda de cambio para convertirse en el aire que respiren todos los venezolanos, sin miedo y sin cadenas.
