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Abordaje Clínico e Integral del Síndrome de Asperger: Desafíos y Perspectivas en la Medicina Contemporánea: 18 de febrero Dia Internacional del Sindrome de Asperger

Saludos estimados lectores de @SOLOPARAPOLITICOS, bienvenidos una vez más a #ELCONSULTORIO. En esta oportunidad, nuestras líneas se visten de una sensibilidad especial al encontrarnos en el marco del 18 de febrero, fecha en la que el mundo entero conmemora el Día Internacional del Síndrome de Asperger. Por lo tanto, considero que es imperativo que analicemos esta condición no solo desde la rigurosidad científica, sino también desde la empatía necesaria para integrar a estos ciudadanos en nuestra vida social y laboral.
El 18 de febrero no fue elegido al azar. Esta fecha marca el aniversario del nacimiento de Hans Asperger, el pediatra austríaco que en 1944 describió por primera vez un patrón de comportamiento y habilidades que denominó «psicopatía autística». Aunque sus observaciones originales fueron publicadas en alemán durante la Segunda Guerra Mundial, el concepto permaneció relativamente aislado hasta que la psiquiatra británica Lorna Wing lo rescató y popularizó en 1981, acuñando formalmente el término «Síndrome de Asperger».
Comencemos definiendo El Síndrome de Asperger (SA) como un trastorno del neurodesarrollo que forma parte del espectro autista. Se caracteriza fundamentalmente por dificultades significativas en la interacción social y la comunicación no verbal, junto con patrones de comportamiento e intereses restringidos y repetitivos. A diferencia del autismo clásico de Kanner, el individuo con Asperger no presenta un retraso clínicamente significativo en el desarrollo del lenguaje ni en el funcionamiento cognitivo general.
La clasificación médica del SA ha experimentado cambios drásticos en la última década, pasando de ser un diagnóstico independiente a integrarse en un espectro más amplio. Entre la evolución del diagnóstico tenemos de: Sindrome Asperger, pasando luego a trastorno de asperger, hasta denominarse trastorno del especto autista.
La prevalencia del Síndrome de Asperger ha mostrado un incremento sostenido, lo cual se atribuye tanto a una mayor conciencia social como a la mejora en las herramientas de detección temprana. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud estima que 1 de cada 100 niños presenta un trastorno del espectro autista. En términos de incidencia específica para el SA, los estudios sugieren tasas que oscilan entre 10 y 25 casos por cada 10,000 personas, superando la frecuencia del autismo clásico. Los datos epidemiológicos más recientes de la Red ADDM en Estados Unidos indican que para el año 2022 la prevalencia de TEA alcanzó a 1 de cada 31 niños de ocho años, una cifra significativamente superior a la de 1 en 36 reportada apenas dos años antes.
La distribución por género muestra una clara preponderancia en el sexo masculino, con una proporción de aproximadamente 4 a 1. Sin embargo, esta estadística está siendo cuestionada por investigaciones que sugieren un subdiagnóstico en mujeres, quienes suelen presentar síntomas más sutiles o una mayor capacidad de mimetismo social.
En cuanto a la etiología, el SA se considera una condición poligénica y multifactorial. La evidencia actual sugiere que aproximadamente el 60% del riesgo se debe a factores ambientales que interactúan con una predisposición genética
El diagnóstico del Síndrome de Asperger requiere una observación minuciosa de la conducta y el desarrollo. Aunque los síntomas son evidentes desde la infancia temprana, el diagnóstico suele demorarse hasta la edad escolar (promedio 7.2 años), cuando las demandas de socialización con pares se vuelven más complejas.
Entre los síntomas tenemos: 1- Alteración en la interacción social. 2- Comunicación y uso del leguaje que puede ir de lo literal a los sofisticado. 3- Patrones de comportamiento e intereses restringido. 4- Sensibilidad y motricidad alterada.
El abordaje del Síndrome de Asperger debe ser multimodal y personalizado. No existe una medicación que «cure» la condición, por lo que el tratamiento se centra en mejorar la funcionalidad y manejar las comorbilidades psiquiátricas.
Las terapias psicoeducativas son la base del tratamiento. Es fundamental trabajar en el entrenamiento de habilidades sociales a través de grupos de pares, donde se enseñan técnicas de conversación y resolución de conflictos. La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) ha demostrado ser altamente efectiva, especialmente en adolescentes y adultos, para el manejo de la ansiedad, la depresión y las obsesiones.
La terapia ocupacional y de integración sensorial ayuda a regular las respuestas a estímulos del entorno, mientras que la terapia del lenguaje se enfoca en la pragmática comunicativa.
El uso de psicofármacos se reserva para síntomas específicos que interfieren significativamente con la vida del paciente o su familia. La polifarmacia debe evitarse y siempre se debe seguir la premisa de «empezar bajo y subir lento» debido a la sensibilidad neurobiológica de estos pacientes.
Adicionalmente hay que mencionar un avance histórico para nuestro país, el 24 de abril de 2023 se publicó en la Gaceta Oficial N° 6.744 Extraordinario la «Ley para la Atención Integral a las Personas con Trastorno del Espectro Autista». Esta ley es de orden público e interés general, y establece la corresponsabilidad entre el Estado, las familias y la sociedad en la protección de estas personas.
El pronóstico del Síndrome de Asperger es generalmente positivo en términos de autonomía si se cuenta con el apoyo adecuado. Muchos adultos con SA son capaces de trabajar con éxito, especialmente en campos que requieren alta precisión y atención al detalle. Sin embargo, la transición a la adultez sigue siendo un «salto al vacío» para muchos en nuestro país. Por ello la importancia de establecer planes adecuados para apoyar a familias y pacientes. Siempre recordando que la prevención es la mejor forma de durar. Gracias y hasta la próxima edición. Para cualquier tema de su interés por el 04166852860 @drjosemerhe @soloparapoliticos.

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