Amnistía: El fin del delito de Estado y la urgencia de la libertad plena

AMNISTÍA CAMINO A LA LIBERTAD
Venezuela atraviesa una encrucijada histórica donde la justicia ha sido durante demasiado tiempo, un instrumento de persecución en lugar de un escudo para el ciudadano. En este contexto, la ley de amnistía general no puede entenderse como un simple trámite administrativo o un «favor» político. Es en esencia, un imperativo ético para sanar las heridas de una nación fracturada y sobre todo, un llamado directo a la conciencia de los cuerpos del Estado: la obediencia debida no justifica la comisión de delitos contra los derechos humanos.
NO SEGUIR VIOLANDO LOS DERECHOS HUMANOS
Es fundamental que quienes hoy portan uniformes o togas comprendan que utilizar la ley para encarcelar el disenso es una aberración jurídica. Cada arresto arbitrario, cada expediente fabricado por «instigación al odio» y cada medida de tortura blanca, como la negación sistemática de salud a los detenidos, constituye un delito que no prescribe. La amnistía representa la oportunidad de detener esta espiral destructiva. Quienes aún mantienen bajo custodia a ciudadanos por motivos políticos deben saber que el tiempo de la impunidad se agota y que la historia “así como la justicia internacional” no olvida a quienes ejecutan la opresión.
LA LIBERTAD PLENA
La importancia de una amnistía verdadera reside en que sea plena y sin condiciones. Durante años, hemos visto el fraude de las «excarcelaciones» que solo cambian una celda por un grillete invisible; medidas cautelares, prohibiciones de salida del país y presentaciones periódicas ante tribunales que actúan como grilletes visibles. Lo cual no es libertad, es un secuestro judicial a cielo abierto.
Para que Venezuela avance, necesitamos la restitución total de la ciudadanía, así como de todos todos los liberados de persecución y tortura.
Que ellos estén hoy libres es un triunfo de la persistencia, pero que lo estén sin medidas restrictivas gracias a una ley definitiva será el triunfo de la democracia. Estar libres y sin medidas significa que el Estado reconoce su error, que el funcionario deja de perseguir y que el ciudadano recupera su derecho humano a participar en la reconstrucción del país sin pedir permiso a un tribunal cómplice.
UN NUEVO COMIENZO
La amnistía es el puente hacia la reconciliación, pero también es un espejo para los cuerpos de seguridad: es hora de dejar de delinquir contra el pueblo. Al liberar a quienes aún permanecen presos y a limpiar los expedientes de todos, el Estado envía un mensaje claro; la era de las sombras se termina. Solo con libertad absoluta, sin miedos ni presentaciones, podremos decir que Venezuela ha vuelto a ser el hogar de todos y no la cárcel de algunos.
@RonielfariasVe
